Tomando el control
A veces lo veía. A veces no. Parecía aparecer sólo en los momentos en que se sentía triste o enojado. Nunca se atrevió a hablarle, pues temía que respondiera. Lo veía cuando se encontraba frente a un espejo, detrás de él. Nunca mostraba sus ojos pues traía una capucha, pero sabía que lo miraba. Podía ver cómo sonreía. Cuando se volteaba a verlo simplemente parecía desaparecer.
Sentía su presencia constantemente. Veía su sombra justo al lado de la suya .Tenía miedo. Sabía que quería algo, pero ¿por qué él? Justamente, entre tantas otras personas que podía haber molestado ese fantasma, ente, demonio o lo que fuese, ¿por qué él?.....No tenía idea.
Comenzó a ignorar su constante presencia, buscando hobbies y actividades que lo distrajeran; había oído que la mente inventa cosas cuando está aburrida y no tiene nada mejor que hacer. Tal vez era eso, su volátil y alocada imaginación.
Pasó un tiempo y dejo de verlo. Ahora todo era normal. Era feliz; ya no lo veía , ya no más sombras extrañas ni reflejos de hombres encapuchados. Aunque en los días en que se encontraba triste o enojado, podía sentir cómo lo observaba, cómo se alegraba por su dolor.
Sin embargo, no dejó que eso arruinara su vida. Claro está, tenía muchos amigos y era alguien muy querido por todos. Reunió valentía y se le declaró a la chica que tanto amaba, la dulce y divertida Ángela. Le costó bastante al principio. Temía arruinar todo, pero se arriesgó. Ella se alegró y dijo que sentía lo mismo. La vida no podía ser mejor. Tenía una buena familia, amigos y una encantadora chica que lo amaba tanto como él a ella. O al menos eso creía.
Todo cambió esa soleada tarde de otoño en la que salió a caminar.
Le gustaba salir a caminar, en especial, al bosque. Sentir el crujir de las hojas quebrándose bajo sus pies, el sonido de los animales y el viento pasando entre los árboles. Estaba caminando absorto en sus pensamientos cuando vio a Ángela, besando a otro. No cualquier otro. Nada más ni nada menos que su supuesto mejor amigo, Bill, que era como su hermano. El alegre y simpático Bill, en el que tanto confiaba.
Se había paralizado. Era imposible. No, ella nunca haría eso. No ella, que le había dicho que lo amaría por siempre. No ella, no su dulce Ángela. Mientras observaba con una mezcla de ira y dolor la escena, sintió como una mano se apoyaba en su hombro. Se dio vuelta y vio con horror al hombre de la capucha, sólo que parecía más joven, casi de su estatura. No podía ver sus ojos porque la capucha los cubría, pero sí vio cómo sonreía con malicia.
Comenzó a sentir frío y náuseas. Sus piernas parecían ceder. Estaba perdiendo el equilibrio. El hombre de la capucha lo observaba. En cualquier momento se desmayaría.
-¿Quién demonios eres? - gimió - ¿Qué quieres de mí?
El hombre se agachó y se quitó la capucha. Lo que vio lo dejó perplejo: era él mismo. Su vista comenzó a nublarse. Mientras perdía la conciencia, vio cómo su otro yo, se erguía.
-¡Hola, Ángela! - exclamó - ¡Bill! ¡Qué casualidad habernos encontrado por aquí!
-¡Dan! -dijo Bill sorprendido.
-Puedo explicarlo, no, no es lo crees- dijo Ángela. Era visible el miedo en su voz.
¿Con que no es lo que creo?- respondió su otro yo.
Todo se oscureció. Ya no pudo oír nada más.
Cuando despertó, se sentía diferente. Algo no estaba bien. Su cuerpo se sentía extraño. Parecía que lo controlara otra persona. Como si estuviera poseído. Miró a su alrededor. Intentó gritar pero no pudo, simplemente no salía ni un gemido.
Ya era de noche. Aún estaba en el bosque. Miró alrededor sólo para descubrir horrorizado a Bill colgando inerte a un árbol con una soga al cuello y a su lado Ángela, con los ojos abiertos de par en par mirando el vacío y con el cuello cortado de lado a lado.
-¡No! -se dijo mientras la desesperación y la confusión comenzaban a consumirlo- ¡No, no, no!
-No sufras, se lo merecen - dijo alguien con su misma voz.
-¿Qué es lo que les hiciste?- respondió atemorizado - ¿Qué me has hecho?
-¿Qué es lo que les hicimos querrás decir? -Respondió en tono burlón- Todo este tiempo intentando ignorarme. Qué desperdicio. Nunca te podrías haber deshecho de mí, porque yo formo parte de ti. Yo soy tú.
-No, no es posible -pensó -Yo nunca mataría.
-¡Sí, es posible!- dijo su otro yo- Soy la oscuridad, soy tu ira por fin liberada .Todo este tiempo estuve esperando la oportunidad de poder tomar completo control sobre ti. La tonta que tanto amabas destrozó tu frágil corazón traicionándote, siéndote infiel, con tu mejor amigo. En ese momento tu afable personalidad no podía seguir. Fue entonces que fui libre, libre de hacer eso que en el fondo tanto deseabas. Eso que tú sabes que esos bastardos merecen. Ahora yo soy completamente tú.
Al día siguiente, los policías hallaron los cuerpos de los dos adolescentes brutalmente asesinados en un paraje del bosque. Luego de investigar a fondo, encontraron varias huellas y rastros de A.D.N que los llevaron a arrestar a un adolescente llamado Daniel Jefferson. Sus padres no podían creerlo. Su hijo matando despiadadamente, no era posible .Nadie entendía qué había llevado a Daniel a cometer semejante crimen. Todos decían: ''Pero él era alguien tan amable y cordial, quería mucho a Bill y amaba a Ángela, ¿Por qué lo haría?''
La policía dijo que, con frialdad y sin muestra de lamentarlo, Daniel contó con detalle cómo había matado a Ángela y a Bill. Les contó que los había encontrado en el bosque besándose, y que le pareció lo mejor.
-El mundo ya tiene bastantes tontos –les dijo con tono socarrón - Creo que dos menos no hace una gran diferencia....... ¿Verdad?
Fue enviado a una institución para jóvenes con trastornos de violencia por tiempo indefinido.
''No es mi Daniel -dijo su madre con pesar a los periodistas-. Algo frío y oscuro tomó su lugar. Mi niño rebosaba de alegría y optimismo. Ahora se encuentra frío y distante. Ni siquiera me dirige la palabra. ..''
Daniel miraba con dolor todo lo que pasaba y se sentía impotente al no poder hacer nada. Simplemente no podía. Su cuerpo ya no era suyo, le pertenecía a otro. No importaba cuanto lo intentaba, cuanta fuerza ponía, no podía mover ni un dedo, por propia voluntad.
-Cuándo lo entenderás tonto- Le decía cada vez que intentaba salir- Me perteneces completamente. Ahora ¡¡Yo soy tú!!
Y era lamentablemente cierto. Estaba encerrado dentro de sí mismo y no podía salir.
Micaela Porto